Me cansé.
Me cansé de hacerlo todo sola, casi todo el tiempo.
Me cansé de despertarlos, darles el desayuno, vestirlos, arreglarme, llevarlos al colegio, subirme en la moto, sola.
Me cansé de pasarme una hora y media cada noche en la oscuridad esperando a que se duerman, mirando el puto instagram, perdiendo las pocas fuerzas que me quedaran y las ganas de vivir. Cada noche. Durante tres años. Mientras fuera pasaban las estaciones, pasaba el frío y la lluvia y caían las hojas y luego llegaba la tibieza de la primavera y yo no podía experimentar nada de ello porque estaba encerrada, encarcelada, encadenada.
Me cansé de levantarme, una vez dormidos, sumida en la desesperación, y darme un atracón de los restos de sus cenas. O quedarme en el sofá con el móvil, encefalograma plano. Sin la capacidad de elegir qué hacer con mi velada, si quería leer, o escribir, o prepararme un té, o bailar descalza.
Me cansé de las alfombras sucias.
Me cansé de las listas de tareas infinitas que nunca completaba.
Me cansé de echar de menos a una tribu que ni está ni se la espera. Me cansé de no saber a quién llamar, de no hallar hogar en la voz de nadie.
Me cansé del pasillo de ocho metros, de la cocina en el salón, de la estrechez.
Me cansé, mucho, muchísimo, de vivir rodeada de cosas, de recoger cosas, mañana, tarde y noche. Me cansé de ser esclava de lo que poseo. Porque cada cosa que poseo en realidad me posee a mí.
Me cansé de estar siempre cansada, siempre ansiosa, siempre preocupada. Me cansé de las noches sin dormir, de las horas de instagram, de llorar por las noches, de preguntarle a chatGPT qué es el trauma complejo.
Me cansé de tener que prepararlos y llevarlos a sitios con gente y apenas poder hablar y estar horas intentando que se comporten y después meterlos en el coche y traerlos a casa y gestionarlos y dormirlos y después preguntarme para qué.
Me cansé de ser mi peor versión.
Me cansé de mi rabia, de mi mal humor, de perder la paciencia, de gritar e incluso de pegar. Porque la crianza no es una labor para hacerla sola. Porque nadie debería hacer esto sola. Nadie.
Me cansé de ponerme la careta y los tacones y salir al mundo y luchar, luchar por pertencer a lugares en los que no pintaba nada, por dedicar tiempo a personas a las que no les importaba nada. Mientras yo me alejaba cada vez más de mi esencia, desconectada, estresada, cansada. Desaparecida.
Me cansé de no quererme más. Me cansé de sonreír y poner buena cara y hacer como que yo puedo con todo, como que todo está bien. No, nada está bien. No, no puedo con todo y además no quiero poder con todo.
Me cansé de sentirme acompañada a ratos y fantasear con mi red y mi comunidad y después llegar a casa sola a enfrentar la vida sola.
Me cansé de perseguir espejismos, de recoger migajas, de contarme cuentos y montarme fantasías.
Me cansé de dejarle, de dejarle todo el tiempo para después no poder sostener mi decisión y volver. Me cansé de repetirme que el daño era inexcusable y que no podía quedarme, que iba a estar mejor sola, que lo iba a conseguir. Me cansé de recordar todo lo que me hizo, tenerlo presente para ser consecuente, y después no ser consecuente jamás.
Me cansé y entonces me escuché. Me escuché y empecé a decidir no poder. Decidí no poder con todo y empecé entonces a faltar. Llegaba el momento y empecé a desquedar. Llegaba el sábado y empecé a no salir de la cama en todo el día. Empecé a no ducharles todos los días, y a no peinarles y a dejarles ponerse lo que quieran, y a dejarles ver más tele de la que deberían, y a dejarme en paz. Empecé a no lavarme el pelo y a quedarme todo el día en casa en pijama y a pedir chino y hamburguesas y pollo asado y pizza. Empecé a no recoger todo obsesivamente y a vivir entre la mierda durante el fin de semana. Empecé a tumbarme en el sofá a leer. Empecé a aparecer.
Y entonces hace poco le abracé y lloré. Lloré porque ya está. Ya está y ahora, aquí, estoy bien. Quiero estar aquí y no quiero preguntarme más y no quiero explicarme más y estoy cansada de luchar y no quiero anhelar pertenecer a otros lugares porque en realidad ya pertenezco aquí.
No quiero hacer esto sola. Bajo ningún concepto. Y ahora, por encima de todo, quiera o no, soy madre de tres niños. Ahora esta es mi familia.
Dicen que más vale solo que mal acompañado.
Dicen que antes de estar bien con los demás, hay que saber estar bien solo.
Yo no me creo nada de eso. Somos animales radicalmente sociales. No podemos estar bien solos. Y está bien. Hay ocasiones en que es mejor estar acompañado que solo, aunque la compañía no sea perfecta, porque la vida se pone muy puñetera y hay que saber decir "basta" y hay que saber perdonar, al otro y a uno mismo, mirar hacia delante, pensar en lo que es bueno para una, bueno de verdad.
Me cansé y por eso me voy.
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